HISTORIA AMBIENTAL

5 de junio 2026: Día Mundial del Ambiente

En el marco de un nuevo Día Mundial del Ambiente, declarado en diciembre de 1972 por las Naciones Unidas, investigadores del Laboratorio de Saberes Ambientales Regionales (LASAR) del ISHIR relatan algunas de las problemáticas locales y regionales sobre las que trabajan.


  • Laura Pasquali: Investigadora UNR – coordinadora del LASAR

“El ambiente pensado desde las teorías críticas”

Entre los estudios ambientales, las preocupaciones sobre mujeres rurales, agroecología y soberanía alimentaria ocupan cada vez más espacios académicos y políticos entre quienes se dedican a los estudios agrarios. Tradicionalmente, las investigaciones rurales tuvieron como centro de interés la unidad doméstica de producción como conjunto de individuos indiferenciados, hasta que las feministas comenzaron a estudiar el tema desde una perspectiva de género poniendo en escena a las mujeres en la producción y en la reproducción de las unidades domésticas rurales y de periurbanos. Eso se articula en un eje que considera la agroecología como paradigma crítico, que se construye a partir de la recuperación de los saberes ancestrales y vinculados a las cosmovisiones de los pueblos originarios. Propone (re)construir la biodiversidad, y producir alimentos, a partir de una relación respetuosa con los bienes naturales, atendiendo a sus ciclos.

Como resultado, una dimensión que emerge al problematizar el tema es la conflictividad socioambiental, que se despliega entre el avance de los espacios urbanos hacia las áreas dedicadas a la producción agropecuaria y la percepción de los pobladores de riesgos para su salud en las formas de producción agraria vigentes. Todo lo anterior, se construye a partir del encuentro de diversas teorías críticas, como el enfoque de sistemas y la explicación a partir de las relaciones, del pensamiento ambiental latinoamericano, de los estudios sociales de la tecnología y la necesidad de abordar a las Tecnologías para la Inclusión Social (TIS), la teoría crítica feminista y eco-feminista que plantean las limitaciones y obstáculos que el capitalismo y el patriarcado implicaron para la sostenibilidad de la vida y genera una tensión producción / reproducción irresuelta.

 

  • Carolina Piazzi – Investigadora Adjunta, CONICET – coordinadora del LASAR

“¿Qué puede aportar la historia al campo de los estudios socioambientales?”

Es muy necesario destacar la mirada que la Historia, como disciplina científica, puede aportar a los estudios socioambientales, desde diversas aristas. Por un lado, existe una rama que se denomina precisamente Historia Ambiental, nacida hacia los años 1970/1980, cuando el “ambiente” se convirtió en un concepto que fue ganando terreno en la agenda política internacional -a partir de los movimientos ambientales surgidos en distintas partes del mundo, y de reuniones como la Cumbre de Estocolmo de 1972. Esta rama específica se ocupa de las relaciones entre ser humano y el entorno natural, analizando el impacto de las actividades antrópicas en el ambiente, por ejemplo, los efectos de la explotación de ciertos bienes naturales en el largo plazo: es decir, los efectos de lo que hoy llamamos “extractivismo”, cuyas raíces podemos rastrear desde la época colonial en América Latina.

En el caso de nuestro país, tenemos varios ejemplos para pensar estas transformaciones: la explotación de bosques, como el caso de La Forestal en el norte santafesino con la extracción de quebracho colorado; los incendios y desmontes en zonas de islas; la caza y el comercio legal e ilegal de fauna silvestre. Argentina es el principal país exportador de especies silvestres de América Latina: reconstruir la historia de la explotación de la fauna silvestre como recurso natural, lleva a atender a un proceso por el cual una práctica de caza y comercio de especies silvestres, por ejemplo, realizada desde antaño por grupos nativos con fines de alimento y vestido, se mercantilizó de la mano de un proceso que tuvo participación estatal, por un lado, a través de regulaciones y normativas para frenar una explotación indiscriminada e ilegal; y por otro, promoviendo el desarrollo de discursos y saberes específicos sobre algunas especies, tanto para su conservación y preservación, o para generar una explotación “racional” de criaderos en cautiverio.

El caso de las islas pone el énfasis en las sucesivas quemas que vienen ocurriendo desde 2008 en las islas del Paraná y que han impactado de manera tal que nos hemos “vuelto al río y sus islas”: esas columnas de humo hicieron que volvamos a ver lo que siempre estuvo enfrente de las ciudades y costas que habitamos, pero que en cierta manera permanecían ajenos a nuestra atención. Esta “ignorancia” hacia el río es algo histórico en el imaginario rosarino (Plan regulador de 1935). El proceso de usos del suelo y de expansión agrícola-ganadera en islas ha sido denominado como la “pampeanización del delta” (Guido Galafassi). Por otra parte, los usos y representaciones turísticas de las islas pueden rastrearse desde el siglo XIX. Los estudios sobre el avance de la ganadería, y el uso de quemas, vienen más de la mano de grupos ambientalistas como el Taller Ecologista que realizan un seguimiento más sistemático sobre ocupación de tierras y elaboran documentos que sirven para pensar políticas públicas.

En definitiva, la invitación desde la disciplina histórica es ocuparnos de estos espacios, visibilizarlos, dando cuenta de su densidad histórica, en la relación entre los humanos y lo no humanos que la habitaron.

resulta interesante pensar históricamente en las transformaciones en las formas de nombrar estos espacios, que han pasado “de isla a humedal”, adoptando diferentes significaciones culturales: por ejemplo, para algunos el fuego en las “islas” es una práctica de antaño que no puede eliminarse; mientras que, en la actualidad, es una amenaza para el “humedal”. La “isla” es un paisaje habitado, de pertenencia de distintas generaciones de “isleños”, que generan sentimientos de arraigo hacia ellas, contienen lazos afectivos. A fines del siglo XX (fines de 1980), surge una nueva categorización de ese espacio como “humedal”, por parte de investigadores biólogos/ecólogos y grupos de ambientalistas, con el objetivo de regular este tipo de ambientes, ordenarlos territorialmente para generar políticas públicas. La apropiación de la categoría “humedal” en Argentina (que en 1991 adhirió a la Convención de Ramsar, realizada en 1975) implicó la organización de un régimen jurídico de protección para el territorio del delta del Paraná. Podemos decir que, a partir de esta categorización, comienzan a cuantificarse los impactos de prácticas antrópicas: el manejo del agua, los incendios; y las “islas” comienzan a ser atravesadas por el discurso científico.

 

  • Gisela Rausch: Investigadora Adjunta CONICET / Centro de Altos Estudios en Arquitectura y Urbanismo, Universidad Abierta Interamericana– miembro del LASAR

“Cuencas hídricas e infraestructuras para la integración económica global: la Hidrovía en el espacio regional”

Como la mayor parte de los grandes proyectos de infraestructura, concretados en los últimos 30 años, la Hidrovía Paraguay Paraná fue proyectada para facilitar la circulación de los capitales en lo que se llamó “proceso de integración global”. Entre otras cuestiones, la puesta en marcha de la Hidrovía significó la adaptación de los ríos Paraguay y Paraná a los requerimientos económicos de sectores sociales muy específicos, encargados de realizar la transferencia de “naturaleza” desde los países sudamericanos hacia los centros de producción global. Esta megainfraestructura ha definido, en los países que atraviesa, una geografía de desposesión y destrucción de bienes comunes, privilegiando los intereses de los actores globales por sobre las necesidades de quienes habitan los territorios.

En el actual contexto planetario, definido como de crisis climática, y ante un nuevo superciclo de extractivismo en Argentina (que, sin duda, vendrá acompañado de conflictos, violencia y más despojo a los territorios y las poblaciones) se vuelve necesario profundizar los estudios acerca del rol geometabólico de los grandes proyectos de infraestructura y sus impactos en los ámbitos locales. Es hora de repensar las finalidades de los megaproyectos de manera situada, democratizando tanto sus diseños como los procesos políticos de implementación.

 

  • Pablo Suárez – CPA, ISHIR – miembro del LASAR

“El agua como problema histórico y territorial”

Durante mucho tiempo los cientistas sociales estuvieron lejos de encarar al agua como una problemática de sus disciplinas. El agua aparecía, pero siempre como un factor accesorio y cuando lo hacía era en forma catastrófica: inundaciones o sequías. Costó mucho darle un lugar a estos eventos en un marco que se explicara por las acciones del hombre. Es decir, se pensaban como una maldición de Dios, o como una catástrofe “natural” pero no se explicaban las inundaciones como eventos generados por una determinada ocupación del espacio produciendo lugares saturados de agua, obras mal ejecutadas, entre otros.

Los trabajos de investigación sobre el agua tienen poco tiempo en Santa Fe, aun tratándose de una provincia en que las inundaciones se han repetido desde finales del siglo XIX hasta comienzos de este. Esto, si nos referimos a grandes eventos. Otra cosa es hablar de inundaciones de alcance reducido en algunos barrios o algunas localidades más pequeñas. Entonces ahí tenemos una gran área de trabajo: el agua y la ocupación del espacio.

Un caso ejemplificador es el del arroyo Ludueña en el norte de Rosario. Se construyeron barrios sobre su cuenca sin tener en cuenta el ritmo de las crecidas. Con inicio en 1914, tenemos una gran serie de inundaciones que llegó hasta la enormemente dañosa de 1986 con miles de hogares anegados y destrozos. El crecimiento de la ciudad sin planificación generó ese gran perjuicio a los habitantes. Eran áreas que no deberían haberse ocupado o al menos no sin obras que aseguren el bienestar. La ciudad de Santa Fe también tiene un historial de grandes catástrofes hídricas generadas por la forma en que se ocuparon algunas áreas de la cuenca del Salado. Luego sí vienen las obras. Pero para muchas familias, ya era demasiado tarde.

Otra gran área de los estudios sociales relacionadas con el agua es el de la provisión de servicios sanitarios. Esta es una historia que espera por sus investigaciones. Pese a que hay algunos trabajos, no terminó de construirse una buena historia de la forma en que los santafesinos fuimos accediendo a esos servicios tan importantes para garantizar una vida saludable. El tema estuvo en agenda durante los años 90 con la privatización de la DIPOS (Dirección Provincial de Obras Sanitarias) y luego con formación de la empresa estatal de aguas, pero poco sabemos sobre la forma en que esos servicios se fueron dando en las localidades más pequeñas, y no tanto, con las cooperativas prestadoras del servicio y su relación tanto con Obras Sanitarias de la Nación como con las distintas empresas.